¿Por qué no es bueno discutir delante de los niños?

¿Por qué no es bueno discutir delante de los niños?

Ponte en el lugar de un niño: ¿cómo te sentirías si tus padres tuviesen una discusión delante de ti, incluso cuando no entiendes lo que están hablando? Es un momento muy angustioso, con efectos potencialmente negativos para los pequeños.

Los momentos de angustia e ira pueden llevarnos a tomar decisiones equivocadas. En esos momentos de ira con nuestro compañero, es posible que olvidemos el hecho de que es mejor no discutir delante de los niños. ¿Cómo ese comportamiento puede afectarles?

No hay pareja en el mundo que no discuta. Incluso los más felices pasan por momentos de discordia. Son necesarios para conocer mejor al otro y llegar a acuerdos. En este sentido, los debates son casi inevitables.

Sin embargo, la desventaja es no saber cómo pueden terminar. Sobre todo cuando los motivos son pasionales, debemos tener en cuenta que la racionalidad puede dejarse de lado en este momento.

Como resultado, discutir delante de los niños no parece ser la mejor opción. Si están presentes, mejor archivar la ira y dejar de hablar hasta que estemos solos.

Esta precaución puede evitar grandes daños al bienestar de los pequeños, como los que se detallan a continuación.

¿Por qué no discutir delante de los niños?

  1. No tienen la madurez para entender lo que pasa

Los niños pequeños no están preparados para enfrentarse a los problemas de los mayores.

Discutir delante de los niños no es otra cosa que involucrarlos en estos asuntos, que no son en absoluto culpa suya y que no tienen la obligación de resolverlos.

La interpretación de las palabras que oye puede generar sentimientos negativos: culpa, inseguridad, tristeza y miedo son sólo algunos de ellos.

 

“No discutir delante de los niños les ayuda a tener un desarrollo emocional saludable y tranquilo”

  1. Damos un mal ejemplo

No es nada nuevo que los niños vean en sus padres un modelo a seguir. ¿Qué enseñanzas dejamos si discutimos por un desacuerdo, incluso con una persona tan querida como nuestro compañero?

Debemos hacer exactamente lo contrario: promover en los pequeños el valor del diálogo, la comprensión y la escucha para llegar a acuerdos.

Por muy valientes que estemos, no debemos dejar que nuestra ira se interponga en su camino.

  1. Niños confundidos

Al presenciar discusiones entre dos seres tan cercanos como sus padres, los niños pueden sentirse obligados a tomar partido de uno de ellos.

En esos casos, aunque no expresen, pueden sentirse muy confusas, ya que han escuchado la versión de cada uno. Estas emociones pueden llevar a la desconfianza e incluso a un resentimiento hacia los padres.

Naturalmente, se necesitará mucho tiempo para reparar ese daño significativo en la relación entre padres e hijos.

  1. Estrés

La experiencia traumática de presenciar una discusión entre los padres sin duda generará estrés en el niño.

Como resultado, desplazará su atención de los estudios y el entretenimiento, que es precisamente donde deberían estar. El estrés infantil puede causar síntomas físicos y psicológicos en los niños.

Además, podría ser el detonante de trastornos más graves, como la ansiedad, los ataques de pánico o los problemas de aprendizaje.

Si los niños están presentes, será mejor que archives la ira y suspendas la conversación hasta que estén solos. No discutir delante de los niños es mucho más saludable.

  1. Puede ser un precedente de violencia

Desafortunadamente, no se puede ignorar el hecho de que muchas discusiones matrimoniales terminan con acciones violentas de uno de los involucrados.

Pocas cosas pueden ser más negativas para los niños que presenciar esos momentos, además del daño psicológico que causan a la víctima.

No sólo presentaremos la violencia como una forma de resolver problemas. También es probable que tenga consecuencias extremadamente negativas para la salud mental y emocional del niño o del joven.

 

¿Es necesario que los niños estén presentes en la reconciliación?

Por otra parte, también hay quienes dicen que no siempre debemos evitar discutir delante de los niños.

De este modo, se sostiene que podemos demostrarles que en la vida surgen problemas y no siempre todo será perfecto.

Naturalmente, será esencial transmitir el método correcto para alcanzar soluciones. Estos deben basarse, sobre todo, en el respeto, la empatía y la comunicación.

Debemos ser sensatos y prudentes al tratar con ese tipo de conversación. En el momento de la reconciliación, por lo tanto, es bueno resaltar las virtudes de la otra persona y mostrar signos de afecto, como caricias y abrazos.

Una vez que se haya alcanzado la calma, los padres pueden comunicar al niño juntos que sienten mucho por lo que pasó y que intentarán evitar que vuelva a ocurrir.

Es muy importante que el niño vuelva a entender la unidad de la familia.

En última instancia, hay que observar que esto sólo debe aplicarse cuando estemos seguros de que la reunión tendrá éxito.

De lo contrario, correríamos los riesgos mencionados anteriormente, que no serán nada positivos para el bienestar del niño.

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